Muchos son los que aspiran escribir y/o publicar historias, a ser los próximos grandes autores reconocidos. Todos tenemos grandes ideas que presentar al mundo. No obstante, el problema está, principalmente, cuando queremos redactarlas; la escritura es un arte, pero también puede considerarse una disciplina que pone a prueba tu creatividad.

  • Tener un mal argumento
    Recordemos que toda historia debe ser llamativa para la audiencia a la que vaya a ir dirigida, y si bien el argumento que vayamos a desarrollar nos puede convencer en un inicio, no hay que olvidar que el escritor no es quien tendrá la última palabra sobre el éxito de la historia. Es un error muy común entre escritores, sean primerizos o profesionales, dejarse llevar únicamente por gustos personales sin pensar en la audiencia.

Solución: La recomendación sería prepararse de antemano, conociendo los gustos de tu potencial audiencia, me explico: puedes contar parte del argumento a algunas personas con el fin de conocer sus opiniones y con ello nutrir positivamente el contenido de tu historia. La otra opción sería reescribirla o cambiar el argumento por completo; pero en muchas ocasiones uno se casa con sus propias ideas y se rehúsa a cambiarlas al costo que sea; a veces cambiar ciertos aspectos de nuestra historia pesa pero por el bien de la misma, vale la pena ser más abiertos a posibles modificaciones. Se los digo por experiencia.

  • Seguir las modas
    Naturalmente quien recién empieza con la escritura, suele tomar como principales referencias tanto obras, como autores destacados en los últimos tiempos como J.R.R. Tolkien con su mundo fantástico de El Señor de los Anillos, J.K. Rowling con su reconocida saga de Harry Potter o incluso George R.R. Martin con Juego de tronos. Y no digo que esto sea malo, el que un autor se inspire en las obras de los demás es una práctica habitual; pero debido a ello, también es que surgen las famosas “copias” o plagios, todo por la falta de originalidad.

Solución: Apuesta por tus propias historias, identifica qué temas resuenan contigo, alimenta tu creatividad con historias de diversos géneros y observa lo que pasa a tu alrededor. Analiza cada aspecto de tu historia con la intención de volverla destacable a comparación de otras obras.

 

  • Mala ortografía
    Hevidentemente, este puede conciderarce un herror muy frequente que, ciendo onesto… y ya poniéndonos serios, para todo aquel con la ilusión de iniciar como escritor, tener una ortografía ya no digamos perfecta, sino como mínimo, aceptable es una característica fundamental.

Solución: Afortunadamente, hoy en día contamos con varias y múltiples herramientas tanto físicas como digitales para  evitar este problema, úsalas. Este error puede ocurrir también debido a la falta de léxico del autor (yo me incluyo tampoco es que sea perfecto, ¿saben?), cosa que puede solucionarse practicando aún más la lectura y con ello expandir el repertorio de nuestro vocabulario. 

 

 

  • Falta de claridad en la prosa
    Es fundamental que un autor sepa darse a entender en su narración/escritura, pues cuando se trata de explicar algún evento o concepto, nos suele dar por jugar al compositor y construir oraciones con cierta complejidad; seamos sinceros, no nacemos siendo poetas, es mejor darse a entender que lucirse por conocer palabras que otros no.

Solución: No hay necesidad de complicarse la vida, la sencillez puede resultar bastante útil. Nadie quiere dejar a la audiencia con preguntas innecesarias sobre algunas palabras, ¿verdad?

  • Palabras desmesuradas
    Compartiendo cierto aspecto con el punto anterior, aquí hablamos de utilizar una cantidad moderada de palabras, sin amontonar decenas de ellas en una sola oración, terminando en redundancia.

Solución: Sé muy rigurosa/o en lo que escribes, trata que las oraciones sean concisas, utilizando la menor cantidad de palabras posible y evita que las oraciones se vuelvan superfluas o redundantes.

  • Lenguaje exagerado/excesivo
    Todo escritor busca la forma de que sus palabras trabajen en conjunto con la idea central de su historia. Pero debido a ello, en muchos casos, esa intención se lleva a un extremo en el cual se pretende transmitir emociones intensificadas al agregar calificativos innecesarios. En resumen, no es necesario aumentar el número de palabras a la hora de querer expresar alguna sensación.

Solución: Lo recomendable sería elegir las palabras concretas que describan mejor lo que pretendes expresar, no abusar mucho de diccionarios y, así como en puntos anteriores, tratar de no redundar (si soy muy insistente con este punto es porque este detalle es un error muy común en muchas obras, incluso propias, sé lo que les digo).

 

  • Clichés
    Las peores pesadillas que enfrentarán. Son argumentos/tramas estereotipadas (por ejemplo: la trama dramática de un triángulo amoroso, la trama del héroe “elegido”, etc…) fácilmente detectables que hacen sentir al lector que ya ha leído esto con anterioridad.

Solución: Es sencillo identificar esos estereotipos y encontrar cómo variar dichas ideas, personajes, frases o incluso la historia, reelaborarlos o eliminarlos dependiendo de qué se busca comunicar.

  • Mal manejo de las transiciones
    Este error es más recurrente en novelas que en otros formatos;  el problema radica en que no se percibe muy bien cuando, mientras leemos, pasamos de un evento a otro, ya sea en lo que a tiempos, acciones o escenas se refiere y el lector no es capaz de distinguir cuándo inició uno y terminó el otro, provocando confusión y una desconexión inmediata de la lectura.

Solución: Nada que no se arregle revisando y reescribiendo; el chiste es definir y describir claramente cuándo cambiamos de una escena a otra.

  • Malas descripciones o falta de ellas
    ¿Te ha ocurrido que a veces cuando lees una historia que te ambienta en diversos escenarios o épocas, a veces no eres capaz de situarste bien o imaginarste el escenario donde se lleva a cabo la historia? Bueno, este fallo, al igual que el anterior, se presenta más en obras como novelas, y como consecuencia este error puede denotar una prosa más débil o sosa. En el cómic pasa lo mismo si no establecemos el escenario en el que se encuentran nuestros personajes y dónde se sitúan unos respecto a otros.

Solución: No se pierde nada con brindar ciertas descripciones o imágenes que sirvan de guía al lector para que pueda visualizar cada detalle esencial en nuestra historia y que no se pierda en el camino.

  • Mal estilo / El síndrome del “escritor de closet”
    Seguramente por temor a mostrarte como eres, tu forma de escribir o qué opinarían de tu escritura; puede que escribas “como se debería” en vez de como querrías escribir, y eso se vuelve un impedimento para desarrollar la creatividad con libre albedrío.

Solución: Escribir sin miedo; nunca se tendrá contenta a toda la gente, independientemente de quién seas o cómo escribas, no a toda la gente le gustarán tus obras; ese debe ser un pensamiento que todos como autores debemos tener en consideración.

  • Tramas que se desvanecen
    Este error es mucho más probable  que se presente en historias que pintan para volverse sagas o ser bastante extensas. Pero lo cierto es que cualquier autor puede crear historia donde no concluyen las tramas generadas en ella ya sea principal o secundarias. Toda trama a desarrollar en cualquier historia, debe ser conclusiva en algún punto, con el fin de enriquecer la historia y no dejarla con cabos sueltos.

Solución: Tan simple como cuidar esos detalles, y siempre tener en cuenta que estas tramas son elementos fundamentales que le dan gran parte dela estructura a una historia.

  • Personajes inconsistentes o insulsos
    Un error que en lo personal considero imperdonable. Los personajes son un elemento clave al contar nuestra historia, pues con ellos podemos tener a los lectores más identificados e interesados; y si hay algo que fácilmente puede acabar con dicho interés es que nuestros personajes no tengan gracia o sentido alguno.

Solución: Desarrollar a un personaje es un proceso que conlleva bastante planeación con el fin de darle buen peso dentro de cualquier proyecto, siempre hay que considerar que cada personaje debe tener cierto grado de importancia en la historia que escribamos, independientemente del rol que este desempeñe, todos le deben dar sustento en cierta medida.

  • Historias inconclusas
    Algo de lo que se debe prevenir todo autor es darle un cierre incompleto a su historia. Aunque comúnmente vemos el uso de los conocidos finales “abiertos”,  estos están planeados de manera cuidadosa, de tal forma que el autor va dejando pistas a lo largo de la obra para que el lector pueda interpretar el final, es muy diferente a simplemente dejar un conflicto sin su debida solución; como por ejemplo con las historias de los personajes secundarios.

Solución: En este caso es importante nunca olvidar los tres elementos claves de toda historia: inicio, desarrollo y desenlace. Es importante siempre tener, como mínimo, tanto el inicio como el final definidos aunque, en un principio, sean sólo ideas sin mucho aterrizaje, partir con una base es mejor que tener un inicio en blanco.

Esperamos que estos consejos te sean de utilidad y te motiven a escribir grandes historias.

¿Conoces algún otro error común que no está en la lista? Compártelo en los comentarios.